Abre mis ojos,
Señor, de tal manera,
que pueda contemplarte
en gloria,
y en tu agonía postrera.
Cuando en el Gólgota
y sobre la cruz sangrante
Dabas tu vida,
la que no quisiera
el mundo que gime
y vanamente espera,
la redención que tarda
y tus hijos no le llevan.
Abre mis ojos,
también sufro de ceguera.
martes, 13 de octubre de 2009
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