miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Pecado del Silencio

Por J Omar Tejeiro



No quiero que las piedras hablen, deseo que permanezcan mudas por siempre. Es mi deber no callar, es tu deber anunciar, es nuestro deber alzar la voz como trompeta y amonestar a los hombres por sus pecados. Debemos ser libres, hoy mismo, de este horrible y criminal pecado llamado SILENCIO.
Debemos ser libres de la sangre de este mundo impío, si es que deseamos ir al cielo. ¿Cómo? No negándoles la verdad de su condición, amonestándoles contra el pecado que los asedia.



Estamos pecando de silencio y no lo vemos. Somos cómplices mudos de este mundo que ha perdido el pudor, el honor, la dignidad, la vergüenza y el temor a Dios. Tenemos miedo de hablar la verdad, para evitarnos problemas, preferimos ser alabados por los hombres, que reconocidos por Dios, desde lo alto; convivimos con la injusticia y aun la sufrimos pero no luchamos contra ella porque no deseamos ser vistos como intolerantes. Preferimos pasar por humildes y besar los pies de los tiranos, antes que denunciar el pecado y arriesgar que nuestra cabeza nos sea quitada del cuello.

Falsos profetas, falsos apóstoles y hombres corruptos están destruyendo la obra de Dios y lo permitimos porque no deseamos ser vistos como impopulares y porque sin darnos cuenta hemos vendido nuestra conciencia por un poco de comodidad, hemos permutado nuestros principios por un plato de lentejas.
Los homosexuales proclaman a los cuatro vientos, sus desvergüenzas, Mientras los cristianos ocultan su identidad mezclándose con el mundo. Las mafias corrompen naciones enteras en tanto que los cristianos callan a causa de intereses privados.

El pecado de silencio es un cáncer que está consumiendo a la iglesia, por miedo al hombre. El diablo ha logrado causar suficiente miedo al liderazgo y a la iglesia para que observe lo que pasa en el interior de ella, pero no haga nada para resolverlo. Falsos hermanos y falsos líderes, se están apropiando de las iglesias y de las organizaciones cristianas para despilfarrar y despojar la obra de Dios. Hombres sin temor por las cosas de Dios, están suplantando a hombres santos y los persiguen desde el mismo seno de la iglesia.

Y seguimos callando por conveniencia, o por comodidad, o por cobardía, o por costumbre. Hemos aceptado el yugo de la esclavitud, antes que luchar por nuestra propia libertad espiritual. Preferimos que hombres caídos de la gracia de Dios, nos lideren antes que vivir en dependencia absoluta del Espíritu Santo.

Confundimos la humildad con el silencio. La obediencia a Dios, con el temor a los hombres. La sujeción a la palabra del Señor, con la esclavitud. Toleramos cualquier cosa para evitarnos molestias. Soportamos cualquier injusticia sin alzar la voz de la verdad, sin denunciar las tinieblas.
Se dice de Juan que era la voz que clamaba en el desierto. Se dice de nosotros que somos los que nos cubrimos con el mismo manto, el manto del silencio y de la impunidad. No queremos ser la voz de Dios, en estos tiempos, preferimos que se levanten las piedras y ellas hablen. No queremos ser testigos de Dios, en esta época. Pueden ahora hablar las piedras, porque nosotros decidimos callar.

En Busca de Lo Perfecto

Por J Omar Tejeiro R.



Andamos día tras día en busca de lo perfecto, pero a menudo hallamos en los recodos y en las esquinas de nuestros caminos, inmensas montañas de frustración. La gente se casa pensando que ha encontrado la persona ideal, para descubrir después de cierto tiempo, que se ha equivocado, de pies a cabeza. No hay tal marido perfecto o esposa perfecta, como tampoco existen hijos perfectos o dicha perfecta, en esta tierra. El mundo está saturado de verdadera imperfección por doquiera. Pregúntele a la gente, si quieres saberlo, si es perfectamente feliz, seguramente que le dirá que no. La dicha perfecta nos ha sido reservada por Dios, para disfrutarla allá en el cielo.

El perfeccionismo, es la creencia de que la perfección puede y debe ser alcanzada. En cuestión humana, se refiere a la persona con una belleza profunda. Para otros es la creencia de que cualquier cosa por debajo de un ideal de perfección es inaceptable. Se describen dos tipos de perfeccionismo. Los perfeccionistas normales "obtienen un sentimiento muy real de placer de los resultados de un esfuerzo costoso", mientras que los perfeccionistas compulsivos son "incapaces de sentir satisfacción porque a sus ojos nunca consiguen hacer las cosas lo suficientemente bien como para alcanzar ese sentimiento". Burns define a los perfeccionistas como "personas que se esfuerzan compulsiva e incansablemente hacia objetivos imposibles y que miden su propio valor enteramente en términos de productividad y éxito".

Caminando Hacia lo Perfecto

La verdad es que cada cristiano en esta tierra está en la búsqueda de lo perfecto, esa búsqueda acabará cuando estemos en el cielo. Millones de cristianos frustrados, en el mundo, hoy, están buscando una iglesia perfecta que no existe, unos pastores perfectos, que no encuentran, y unos hermanos y amigos perfectos que no hay. Un error común es creer que Dios nos ama porque somos perfectos, o que Dios nos aborrece por qué no lo somos. Sin embargo, debemos saber que Dios nos ama, primero, porque Él es amor, segundo porque somos obra de sus manos de Alfarero Divino y tercero nos ama porque somos sus hijos y Él es Nuestro Padre.
Los fariseos despreciaron a Jesús por qué no entendían como el Maestro podía aceptar los besos y las lágrimas de una mujer con mala reputación. O como era posible que posara y comiera en casa de un publicano. Ellos ignoraban que un ser perfecto es aquél que también ama y perdona al pecador. El perfeccionismo religioso llevó a los fariseos a despreciar la gracia de Dios y los condujo a las tradiciones, al dogmatismo hipócrita, y a las doctrinas y mandamientos de hombres. Sin notarlo, los fariseos rechazaron a Dios y despreciaron al Salvador por quedarse con su perfeccionismo engañoso... Jesucristo les dijo que ellos recorrían mar y tierra en busca de prosélitos, pensando que los estaban ganando para el reino de los cielos, cuando en realidad lo estaban haciendo, un hijo más, del infierno.

El Pecado del Perfeccionismo

Personalmente considero el perfeccionismo como uno de los pecados más peligroso y sutil, presente aun en este tiempo, en medio de la iglesia, pero disfrazado como ángel de luz y vestido con un disfraz de celo por Dios y su Palabra, al estilo de Elías.
Satanás se engañó a sí mismo, en el cielo, cuando creyó que él era semejante al Altísimo, él pensó que merecía un trono como Dios, donde sería adorado y respetado como Dios. El perfeccionismo es en realidad, muchas veces, orgullo y arrogancia, disfrazados con ropas de falsa piedad y falso celo por Dios. Es por eso que el perfeccionismo es terriblemente destructor.
Dios quiere convencernos que solo Él es Perfecto, por que solo Él es Dios y asimismo quiere enseñarnos que nosotros no somos más que débiles e imperfectas criaturas y que por nuestras propias obras, nunca seremos aceptos ante Él. La manera de acercarnos a Dios no es EL PERFECCIONISMO sino LA HUMILLACION Y EL ARREPENTIMIENTO. ¿quién es el que se humilla y se arrepiente ante Dios? El que reconoce que ha fallado y ha pecado; la persona que se cree perfecta es altiva y orgullosa y no se humilla ante Dios, ni ante nadie.

Cuando Entendemos y Aceptamos Que No Somos Perfectos

El que confiesa sus pecados y se aparta alcanzará misericordia. Si decimos que nosotros nunca fallamos estamos mintiendo y no practicamos la verdad. Puede ser que entender y aceptar que no somos lo que aparentamos ser, nos cueste mucho, sin embargo es lo mejor que nos puede suceder. Recuerde usted que Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, no era distinto a nosotros era tan de carne y hueso, como usted y yo, también se enojaba y se frustraba, era hombre, no era Dios. Era tan humano que se quiso morir lleno de una depresión infernal muy común a veces entre los hombres de Dios. Pero el amor y la ternura de Dios lo restauraron y él regresó al sitio del supremo llamamiento de Dios para atender de nuevo sus deberes proféticos
Si pudiéramos juzgar a las personas cuando fallan de la misma manera que deseamos ser juzgados por ellos cuando nosotros fallamos, aprenderíamos a ser más justos y equilibrados. Exigimos muchas veces una perfección a las demás personas que termina volviéndose una carga pesada para ellos, tal inclinación era propia de los fariseos. Me he convencido que yo no puedo hacer nada perfecto, y que tampoco puedo hacer a nadie perfecto, eso es asunto de Dios, con cada uno y asunto de cada uno con Dios.

Cada vez que intento ver la paja en el ojo de mi hermano, tengo que acudir al cirujano divino para que me opere de alguna viga extraña incrustada entre mis ojos.
He aprendido a ver a la gente de frente, y amarla tal como son, por que así me amó Dios, y cada vez que veo en ellos alguna cosa que produce desagrado ante los ojos de Dios, trato de decírselo en espíritu de mansedumbre, acordándome que también yo soy de carne, generalmente les pongo mis manos en el hombro o en sus cabezas y oro por ellos, se que están enfrentando al enemigo más perverso de todos los siglos, sé que viven como yo en un mundo lleno de maldad y saturado de fuerzas hostiles y tentadoras. Sé que necesitan el mismo remedio que yo necesité y que a menudo necesito cuando me siento débil.

Una de mis oraciones continuas al Señor es esta: No permitas oh Dios, que mi corazón se manche, no me dejes jamás herirme, y ayúdame a recordar siempre que soy carne y débil y que por eso te necesito cada día.
Con amor desde mi imperfecto corazón, para tanta gente que como yo un día logrará lo que tanto soñamos: SER PERFECTOS COMO DIOS NOS DESEA.