domingo, 17 de octubre de 2010

Dios Cuidará de Ti


Por J Omar Tejeiro R.


¿Qué,  pues,  diremos a esto?  Si Dios es por nosotros,  ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo,  sino que lo entregó por todos nosotros,  ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Romanos 8:31-39

En tus afanes y en tu dolor Dios cuidará de ti, si ves peligros alrededor Dios cuidará de ti. Estas palabras pertenecen a un himno antiguo que hemos cantado a través de nuestro andar  con el Señor y son reales, hoy como ayer. En la Biblia tenemos numerosos ejemplos de las muchas intervenciones de Dios a favor de los justos y las apabullantes derrotas que Dios ha causado a nuestros adversarios. Hablaremos en esta ocasión de Amán, cuyo nombre significa ilustre o magnífico; era el Primer Ministro del Rey Asuero, quien dirigía el imperio Medo Persa. Era procedente de un país desconocido. El historiador Josefo lo identificó como Amalec, tradicional enemigo del pueblo de Dios. Este personaje, en su corazón cargaba un odio profundo hacia todo lo que concernía a las cosas de Dios. Era amante de la fama, las elevadas posiciones, el dinero y le agradaba ser honrado de todos los hombres.


 La Biblia dice que ante Amán todos se inclinaban, pero un día Amán se encontró con Mardoqueo Tío de Esther, el cual no se inclinó delante de él.
Amán se llenó de rabia y de odio y decidió que no quedaría ni un sólo judío protegido por los Medo Persas.

Mardoqueo

Mardoqueo Había regresado del cautiverio con Zorobabel, para ayudar en el trabajo de la Restauración del templo y de la ciudad santa de Jerusalén.
Para los días en que gobernaba el rey Asuero, vivía en Susa, capital de reino Medo Persa. Había adoptado a su prima Esther, como hija, la cual con el tiempo llegó a ser reina. En una ocasión Mardoqueo le salvó la vida al rey, pero no pasó nada inmediatamente, sin embargo Mardoqueo comenzó a correr peligro por no postrarse ante Amán.

Llevado por un resentimiento y un odio extremo, Amán logró que el rey decretara el exterminio total del pueblo de Dios y  soñando con esto levantó una horca en su casa y determinó que ahí moriría Mardoqueo el que no se humillaba delante de él, pero la Biblia dice que en la misma horca que levantó, él murió.

Como Amán el diablo es un ser invisible y a veces desconocido pero es cruel y perverso contra todo hijo de Dios. Satanás está infiltrado muchas veces, entre los ilustres,  e inteligentes. Se mueve entre el poder, la política y las riquezas. Pero se confunde también entre los pobres para robarles la esperanza de venir a Dios. Los hace resentidos sociales, blasfemos y rebeldes. Se mezcla entre los jóvenes  y les da placer, diversión  y carcajadas. Hace que ellos miren la vida con displicencia, como un juego, donde solo son espectadores, pero no las víctimas ni los actores de una realidad cruel que él ha inventado. Este ser maligno y falso se enmascara entre lo religioso para hacernos creer que con religión basta, mientras planea nuestra destrucción y nuestra ruina.

Amán fue un acusador perverso y falso y como Amán, el diablo se ha fabricado su propia horca para ponerla sobre nuestros cuellos. El diablo ahorcó a Judas Iscariote, después que lo condujo a traicionar al Señor. El no quiere que tú respires más, ni quiere oírte cantar. El no quiere escucharte glorificar a Dios. Tiene todas las intenciones de destruirte, pero el Rey quiere que usted viva. Adóralo.

Como amán que murió en su propia horca, Satanás murió en su propio invento. El inventó la cruz dolorosa y cruel pero en la cruz perdió y sigue sufriendo la gran derrota de su oscura existencia. No te dejes ahorcar por Satanás, pelea por tu victoria como lo hizo Esther y Mardoqueo, Juntos. Recuerde: El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;  yo he venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia. Juan 10:10.

Dios Jamás Duerme

Se cuenta que en cierta ocasión una pobre mujer demandaba del sultán de Turquía una indemnización por la pérdida de su propiedad.--¿Cómo la perdiste? –Se le preguntó--Me dormí y los ladrones vinieron y me robaron.--Pero ¿Por qué te dormiste? –Le preguntó el sultán.-- Me dormí, porque creí que vos estabais despierto. Al sultán le agradó aquella respuesta y la confianza que en su gobierno expresaba, y ordenó que se le pagase lo que había perdido. Se espera que los gobiernos humanos vigilasen en interés de sus gobernadores; pero multitud de veces fracasan. No así el gobierno de Dios que jamás duerme y cuida siempre de ti.