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jueves, 31 de mayo de 2012
Somos Lo Que Creemos
Por JO Tejeiro R
Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
Y los ojos de ellos fueron abiertos. Mateo 9:29-30a
El creer es prioritario. Somos lo que creemos ser y al que cree todo le es posible. El creer antecede a lo que somos. Si somos ciegos espirituales es porque hemos creído en la oscuridad, antes que en la luz. Es por esto que sin fe no se puede agradar a Dios. Creer en Dios es ser semejante a Dios, creer en los ídolos hace idólatra a la gente, creer en el licor convierte a los hombres en borrachos, si crees en la violencia serás un subversivo, etc.
!Prepare su corazón y su mente¡
En Job 32:19 el patriarca habla de la lucha que tiene en su interior: "De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos." ¿Y el tuyo como está, respira o no?
Jesucristo se refirió a esta misma necesidad de cambio en la humanidad cuando dijo: "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente." Mateo 9:16-17 ¿Estas dispuesto a dejar lo viejo para emprender una vida nueva y extraordinaria con Jesús tu Salvador?
Aunque nos parezca increíble Dios anhela misericordiosamente intervenir en nuestras vidas para ayudarnos a ser diferentes y como él desea que seamos. Lea esto y viva feliz y en paz con Dios: "Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré." Hebreos 10:16
Ahora el creer depende inicialmente de lo que pensamos y sentimos. Esa es la razón por la cual nuestras ideas difusas de Dios, se limitan en principio, a concepciones tradicionales, socio culturales y religiosas y también es cierto que nuestros miedos y conductas tienen mucho que ver con el estado interior de nuestra alma y corazón.
La palabra de Dios dice que es con el corazón que se cree para justicia, con la mente razonamos y con nuestras bocas confesamos para salvación. Romanos 10:8-10
Es por eso que al salvarnos Dios toca nuestro corazón y nuestras mentes para ayudarnos a sentir, a entender y a creer, pues sin fe es imposible agradar a Dios.
Aquí Comienza el Cambio
El cambio en nuestras vidas no depende de las demás personas. Si tú esperas que los demás actúen diferente para cambiar después, te equivocas. No piense conforme al común de la gente que te rodea, piensa distinto para que te distingas. Haga ahora mismo lo que Dios te dice y serás desde hoy un nuevo ser.
Pablo escribió estas palabras extraordinarias dirigido por el Espíritu Santo: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. Romanos 12:2, 21
jueves, 4 de noviembre de 2010
Al Que Ama Mi Alma
Les dije: ¿habéis visto al que ama mi alma? Apenas hube pasado de ellos un poco, hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé. Cantares 3:3-4
Pasa de ellos un poco, no dejes que te afecte la multitud, no limites tu búsqueda de Dios. Es posible que la gente no quiera dejarte llegar al amado. Supera las barreras, cruza los obstáculos, venza los impedimentos que no te dejan llegar al amado de tu alma. Nadie y tampoco nada puede llenar tu corazón, ni hacer sentir tu alma satisfecha. Recuerde que la manera de sentir a Dios es amándolo porque “Dios es Amor” .
Como en el poema de la Sulamita enamorada, nuestro amor hacia Dios encuentra muchos obstáculos y pruebas, pero la intensidad del amor y de la pasión nos llevará finalmente a sus brazos amorosos y fuertes. Dios nos dijo que lo amemos sobre todas las cosas y por encima de todas las personas y aunque esto a veces nos parece difícil es el único camino para relacionarnos con Él.
Aprender a mirar al invisible es vital para descubrir su poder e influencia maravillosa sobre nuestras limitaciones e imperfecciones, pero es cuando lo amamos que lo deseamos, es cuando lo amamos que nos enternecemos por Dios, es cuando lo amamos que nosotros también lo sentimos a él y experimentamos su misericordia, su bondad infinita, su generosidad hacia nosotros y hacia todos los seres humanos y hacia su creación en general. Juan escribió que Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Amar al amado de nuestra alma, perfecciona nuestras vidas, nos da seguridad y confianza. Asimismo nos prepara para amar a las demás personas. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1ª de Juan 4:16-21
Amar a Jesucristo es primero un asunto de decisión voluntaria y de elección libre, pues todos los seres humanos tenemos la capacidad de amar, pero somos libres para escoger a quien amamos más, a quien le damos nuestros sentimientos y nuestro corazón. Yo elegí amarlo a Él. ¿usted a quién ama? Pedro fue llevado a esta realidad cuando el Maestro le preguntó tres veces, si lo amaba y Dios hoy también quiere saber si lo amamos ¿lo amas tú? No hay que ser erudito, ni rico, ni notable para amar a Dios, cualquier persona está preparada para amar a Dios, incluyéndote a ti.
Este amor hacia Él no puede ser frío, ni tibio, debe ser un amor cálido y apasionado que conmueva nuestros corazones y el corazón de Dios, debe ser puro y lleno de brillo como el oro. ¿ Amas a Dios, cuál es la calidad de ese amor ? Todos hemos descubierto que el amor está marcado por la calidad de tiempo que le damos a los seres que amamos, es por eso que en una relación amorosa estar juntos siempre, es lo que más se desea. Permanece a pesar de cualquier situación junto a tu amado y sentirás que eres invencible.
Pasa de ellos un poco, no dejes que te afecte la multitud, no limites tu búsqueda de Dios. Es posible que la gente no quiera dejarte llegar al amado. Supera las barreras, cruza los obstáculos, venza los impedimentos que no te dejan llegar al amado de tu alma. Nadie y tampoco nada puede llenar tu corazón, ni hacer sentir tu alma satisfecha. Recuerde que la manera de sentir a Dios es amándolo porque “Dios es Amor” .
Como en el poema de la Sulamita enamorada, nuestro amor hacia Dios encuentra muchos obstáculos y pruebas, pero la intensidad del amor y de la pasión nos llevará finalmente a sus brazos amorosos y fuertes. Dios nos dijo que lo amemos sobre todas las cosas y por encima de todas las personas y aunque esto a veces nos parece difícil es el único camino para relacionarnos con Él.
Aprender a mirar al invisible es vital para descubrir su poder e influencia maravillosa sobre nuestras limitaciones e imperfecciones, pero es cuando lo amamos que lo deseamos, es cuando lo amamos que nos enternecemos por Dios, es cuando lo amamos que nosotros también lo sentimos a él y experimentamos su misericordia, su bondad infinita, su generosidad hacia nosotros y hacia todos los seres humanos y hacia su creación en general. Juan escribió que Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Amar al amado de nuestra alma, perfecciona nuestras vidas, nos da seguridad y confianza. Asimismo nos prepara para amar a las demás personas. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1ª de Juan 4:16-21
Amar a Jesucristo es primero un asunto de decisión voluntaria y de elección libre, pues todos los seres humanos tenemos la capacidad de amar, pero somos libres para escoger a quien amamos más, a quien le damos nuestros sentimientos y nuestro corazón. Yo elegí amarlo a Él. ¿usted a quién ama? Pedro fue llevado a esta realidad cuando el Maestro le preguntó tres veces, si lo amaba y Dios hoy también quiere saber si lo amamos ¿lo amas tú? No hay que ser erudito, ni rico, ni notable para amar a Dios, cualquier persona está preparada para amar a Dios, incluyéndote a ti.
Este amor hacia Él no puede ser frío, ni tibio, debe ser un amor cálido y apasionado que conmueva nuestros corazones y el corazón de Dios, debe ser puro y lleno de brillo como el oro. ¿ Amas a Dios, cuál es la calidad de ese amor ? Todos hemos descubierto que el amor está marcado por la calidad de tiempo que le damos a los seres que amamos, es por eso que en una relación amorosa estar juntos siempre, es lo que más se desea. Permanece a pesar de cualquier situación junto a tu amado y sentirás que eres invencible.
viernes, 8 de octubre de 2010
Se Necesitan Obreros Para Forjar Corazones
Por J Omar Tejeiro
Tú tienes contigo muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra. Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo. 1ª de Crónicas 22:15-16
El significado de la palabra obrero es amplio e interesante, el diccionario dice que es la persona que tiene por oficio hacer un trabajo manual o que requiere esfuerzo físico y que es empleada por otra persona. El obrero es uno que está ligado en el proceso de construcción o producción y que recibe remuneración o salario por ello. Es uno que cuida los intereses de otro. Entre los insectos, la palabra obrera, se aplica a la hembra estéril que desempeña tareas de alimentación, construcción y cuidado de las larvas.
Un obrero es una persona dispuesta a recibir órdenes, acepta fácilmente el liderazgo de otros y asimila su rol para la realización de una obra o proyecto. Es recursivo, hábil, precavido, multifacético. Tiene la habilidad para solucionar situaciones imprevistas y lo hace con sacrificio y gozo.
Los obreros son prácticos, no teorizan mucho y casi nada, todo lo practican y aprenden, aprenden, practican y aplican, hasta que se convierten en expertos. Contrario a los intelectuales que están llenos de mucha teoría y lógica, pero carecen de experiencia, los obreros viven todos los días en un laboratorio. Ensayan, prueban, inventan, aplican, si funciona lo seguirán haciendo, sino lo seguirán intentando hasta que funcione y al final funciona, eso mismo hacen los científicos aunque los obreros no lo saben ni se preocupan de esos menesteres.
Los obreros poseen un carácter rudo y casi áspero, pero tienen gran olfato y discernimiento por las cosas de Dios. La rudeza de los obreros es porque crecen entre el barro, golpeando duro, trabajando con material muy duro y áspero forjando así, nuevas estructuras. Los verdaderos obreros del Señor también hacen esto, bregan con rudos pecadores y forjan corazones de hierro, hasta que los inclinan en los propósitos de Dios.
Los que estamos en estos oficios del Señor, sabemos que sin obreros se perderá la cosecha y hay una mies madura que es urgente cosecharla. No usemos personas que no poseen corazón de obrero, porque el trabajo se detendrá. Hoy día los altares están llenos de gente elocuente y con muy buenos trajes, pero que no saben nada de lo que significa la obra y no están dispuestos a convertirse en obreros. Sus sermones son teorías propias para estudios científicos, con muchos eslabones perdidos, pero no hay evidencias. Los obreros tienen evidencias visibles y reales de su trabajo, son notables. Por doquiera hay testimonio de sus obras y sus logros.
Moisés, uno de los líderes más protagónicos de todos los tiempos dijo lo siguiente: "No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal..." (Nm 11:14, 15).
"Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones... que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales..." (Nm 11:16).
"Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño..." (Ex 18:21, 22).
Moisés estaba tratando de hacer las cosas él solo, hasta el punto que deseó que Dios lo matara y en realidad que algo así nos mataría también a nosotros, entonces Dios le indicó que se apoyara en setenta ancianos, hombres virtuosos, obreros expertos y de esta manera solucionó el problema de su siervo. Los verdaderos obreros del Señor, en su mayoría no han tenido grandes logros académicos, poseen la Biblia como currículo, la pregunta que fue formulada acerca de Jesús fue la siguiente: "¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?" (Jn 7:15).
Los judíos se maravillaban del conocimiento que Jesús tenía de las Escrituras, pues sabían que él no tenía certificados académicos que lo hicieran resaltar ante el mundo religioso o secular. Debemos aprender de este ejemplo. Los logros académicos no son la meta principal. El conocimiento bíblico y el poder de Dios es lo que el obrero de la Iglesia necesita (Mt 22:29). Dios está buscando obreros, para forjar corazones, a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. Mateo 9:37-38
jueves, 7 de octubre de 2010
Un Equipo es Mejor que un Hombre
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. Eclesiastés 4:9-10
Jesús no buscó seguidores, aunque multitudes lo siguieron, no comerció con el evangelio, aunque habló de los negocios de mi Padre y de hacer tesoros en los cielos. Para cumplir su labor formó una escuela de discipulado y él fue el Maestro único de aquellos discípulos, los doce apóstoles fueron su equipo de trabajo. Los sometió a un entrenamiento riguroso durante tres años y les enseñó sus doctrinas, mientras los comisionó para alcanzar el mundo con el evangelio. Los seguidores fueron miles, los apóstoles fueron doce y once de ellos mantuvieron su lealtad con el Maestro.
. "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles... Y descendió con ellos..." (Lc 6:12, 13, 17).
Jesús empleó la mayor parte de Su tiempo preparando a los doce apóstoles para que llevaran adelante Su ministerio. Él siguió este principio de entrenar a otros. Ese es el ministerio de líderes: buscar más líderes y entrenarlos.
Busque Líderes
Ralph Mahoney escribiendo acerca del Liderazgo dice: Y Jehová dijo a Moisés: "Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales." Números 11:16.
Muchas veces se desperdician esfuerzos tratando de entrenar personas que no tienen la habilidad para el liderazgo. La instrucción del Señor fue clara: "Reúneme setenta varones...que tú sabes que son ancianos [líderes]...". ¿Cómo puede usted reconocer a un líder? Observe cuántos le siguen. Si no hay nadie que le siga, entonces no es un líder.
Cuando salga al campo para traer un hato de cincuenta vacas lecheras para ser ordeñadas, sólo tiene que encontrar la "vaca líder". Si logra guiarla hacia el establo donde las ordeñan, el resto la seguirán. Lo mismo sucede con los líderes de personas. Es vital que encuentre hombres y mujeres que sean seguidos por otros y proceda a entrenarlos. (Tomado del Cayado del Pastor)
La razón por la cual el crecimiento de una obra se detiene es porque se hace énfasis en los seguidores y no en el discipulado. Un líder sin discípulos podrá tener seguidores pero será un líder débil, porque con él terminará la obra, los líderes que trascienden mas allá del tiempo lo hacen a través de sus discípulos.
Si usted es un Moisés debe tener al lado un Josué. Si es un David debe tener su propio Jonatán. Si es un Pablo necesita un Timoteo. Si quiere lograr hacer la obra a la manera de Dios debes hacer lo que hizo Jesús, buscar su propio equipo y enseñarles la palabra, junto al ejemplo, la oración y la paciencia. "Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes..." (Ex 18:20). Soy de los que creen que cada pastor debe tener un día a la semana, en su iglesia, Escuela de Liderazgo y que no debe tomar esta necesidad en poco.
Trabajar en equipo es aprender a confiar en Dios y lograr delegar a otros. Es darle espacio a los demás, aprender a respetarlos, a valorarlos, y permitir que ellos se desarrollen mientras nosotros estamos cerca para ayudarlos y apoyarlos. No tenemos que esperar a que sean perfectos, para empezar a usarlos y delegarlos, con el tiempo aprenderán, indudablemente que nosotros tampoco lo somos. Es reconocer que la Obra es de Dios y no de nosotros y que es Dios quien da el crecimiento a la obra, aunque Pablo siembre y Apolos riegue.
Trabajar en equipo requiere mucha paciencia, oración y fe en el Señor para poder formar adecuadamente a las personas que Dios quiere usar para edificar su obra. Ser prontos para oír, tardos para hablar y tardos para actuar bajo la ira son cualidades requeridas para el trabajo en equipo. Trabajar en equipo es maravilloso porque la responsabilidad no recae sobre un solo individuo y porque mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Empiece hoy a orar por su propio equipo, trabaje y ayude a otro y usted se ayudará a sí mismo. Tenga paciencia porque a su tiempo segará si no desmaya.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Supere el Fracaso
Por J Omar Tejeiro Ramirez
El término fracaso hace referencia a la frustración (cuando se malogra una pretensión o un proyecto) y al resultado adverso en un algún proyecto o propósito. Un fracaso es, por lo tanto, un suceso lastimoso, inopinado y funesto. Por otra parte, el concepto permite nombrar a la caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.
En la sociedad actual, el estimulo permanente de la competitividad genera que el fracaso sea visto como un estigma. Los “ganadores” son encumbrados e idolatrados, mientras que los “perdedores” son mal vistos y obligados a pagar por sus fracasos. Los fracasos perjudican la capacidad de reacción y afectan al bienestar personal.
El rechazo social al fracaso promueve un mecanismo defensivo en la gente, que la lleva a no reconocer los fallos y las limitaciones personales. El hecho de cometer errores y no responsabilizarse por ellos constituye una incapacidad humana. Hay que tener en cuenta que los especialistas consideran al fracaso como un paso ineludible y valioso para poder avanzar en la vida. Los errores y el fracaso permiten el aprendizaje.
Tarde o temprano todo ser humano experimentará en mayor o en menor grado el fracaso y debido a que interiormente hemos sido preparados para el éxito, el fracaso puede producirnos una crisis total, afectando muchas veces nuestra salud física, emocional y espiritual. Nuestra reacción al fracaso inicia casi siempre, con un sentimiento de culpa y de impotencia muy grandes. Inconscientemente nos convertimos en jueces severos y crueles verdugos de nosotros mismos. No nos perdonamos haber fallado o fracasado, haber sido tan confiados con aquellos que nos hicieron daño y prometemos con el corazón adolorido, que nunca más volveremos a confiar en alguien.
El fracaso es devastador para toda persona sobre todo por la sensación humillante, sorprendente y contradictoria para nuestro ser interior que no acepta, ni asimila tal experiencia o condición. Una actitud que prolonga el sufrimiento es culpar también a los demás de lo que nos pasa. Los culpamos de habernos fallado, de traidores, de impedirnos progresar, de haber matado nuestros sueños e ilusiones, etc. Lo peor de todo en esta situación es culpar a Dios mismo de nuestra desgracia. Vemos a Dios como un ser cruel, duro, sin misericordia, que nunca nos oyó en nuestras oraciones. Que no estuvo a nuestro lado cuando más lo necesitamos.
De esta experiencia pasamos al resentimiento, a la frustración, a la ira sin control y a la amargura. Perdemos la paz, la alegría, la dulzura, dejamos de actuar por amor y nos hacemos desconfiados y casi paranoicos. Dejamos poco a poco de ser felices y nos sumimos en la crítica, la murmuración y en un odio solapado que no nos deja perdonar, ni pedir perdón. Tal cosa nos impide cerrar ese capítulo doloroso y mantiene abiertas las heridas y la contienda puede ser elevada a situaciones extremas y al punto de la mutua agresión.
Es aquí donde toda persona debe decidir, si se lanza al abismo o se detiene. Si perdona o se muere con su rabia y su odio. Debe decidir determinante si busca a Dios quien le ama a pesar de todo, o si le da la espalda al único que tiene el poder de sacarlo de tal condición.
Jesucristo, el Hijo de Dios vino al mundo para que todo aquel que en el crea, no se pierda. Jesucristo puede ayudarte a encontrar el perdón de tus pecados, puede darte la paz interior que necesitas y puede reconciliarte con Dios y tus enemigos. Deja de culparte tu mismo, porque el remordimiento no te ayudara. Confiésele a Dios tus pecados y errores y el te dará el perdón que necesitas. Jesucristo nos ha abierto sus brazos sangrantes para recibirnos, acudamos a Él, que es poderoso para socorrernos.
Cuentan que un muy buen hombre vivía en el campo pero tenía problemas físicos, cuando un día se le apareció Jesús y le dijo: "Necesito que vayas hacia aquella gran roca de la montaña, y te pido que la empujes día y noche durante un año". El hombre quedó perplejo cuando escuchó esas palabras, pero obedeció y se dirigió hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le mostró. Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no conseguía moverla ni un milímetro. A las pocas semanas llegó el diablo y le puso pensamientos en su mente: "¿Por qué sigues obedeciendo a Jesús? Yo no seguiría a alguien que me haga trabajar tanto y sin sentido. Debes alejarte, ya que es estúpido que sigas empujando esa roca, nunca la vas a mover".
El hombre trataba de pedirle a Jesús que le ayudara para no dudar de su voluntad, y aunque no entendía se mantuvo en pié con su decisión de empujar. Con los meses, desde que se ponía el sol hasta que se ocultaba aquel hombre empujaba la enorme roca sin poder moverla, mientras tanto su cuerpo se fortalecía, sus brazos y piernas se hicieron fuertes por el esfuerzo de todos los días. Cuando se cumplió el tiempo el hombre elevó una oración a Jesús y le dijo: "Ya he hecho lo que me pediste, pero he fracasado, no pude mover la piedra ni un centímetro". Y se sentó a llorar amargamente pensando en su muy evidente fracaso. Jesús apareció en ese momento y le dijo: "¿Por qué lloras? ¿Acaso no te pedí que empujaras la roca? Yo nunca te pedí que la movieras, en cambio mírate , tu problema físico ha desaparecido. NO has fracasado, yo he conseguido mi meta, y tú fuiste parte de mi plan".
Muchas veces al igual que este hombre, vemos como ilógicas las situaciones, problemas y adversidades de la vida, y empezamos a buscarle lógica, nuestra lógica, a la voluntad de Dios y viene el enemigo y nos dice que no servimos, que somos inútiles o que no podemos seguir. El día de hoy es un llamado a "empujar" sin importar qué tantos pensamientos de duda ponga el enemigo en
nuestras mentes, pongamos todo en las manos de Jesús, y Él por medio de su voluntad nunca nos hará perder el tiempo, mas bien, nos hará ser más fuertes!
Recupera en el nombre de Jesús de Nazaret el poder de amar, la capacidad de perdonar y de pedir perdón, rescata la sonrisa perdida, olvida el pasado doloroso y triste, nunca más mire hacia atrás, Jesucristo te ayudara a ser feliz aquí en la tierra mientras viva y en la eternidad. Con Jesucristo, podrás ver que el fracaso es solo una prueba de fe, una oportunidad de Dios en favor de tu vida. Perdiste solo una batalla pero no la guerra. Levántate como un soldado valiente que aun estando herido, quiere seguir luchando por su país. No permitas que el diablo te destruya, escapa por tu vida, Jesucristo vino por ti al rescate, aférrate a su mano poderosa, recíbelo ahora en tu corazón.
Oración
Padre Nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre, ven a mí con tu misericordia y tu perdón. Dame valor para sobreponerme al fracaso y al miedo. Perdona ahora mis ofensas y ayúdame a perdonar a todos los que me han ofendido. Te recibo Jesús en mi corazón como mi Señor y mi salvador. Santifícame con tu sangre derramada sobre la cruz por mis pecados, borra mis maldades y fracasos y hazme una persona feliz, sirviéndote para siempre, amén.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
El Pecado del Silencio
Por J Omar Tejeiro
No quiero que las piedras hablen, deseo que permanezcan mudas por siempre. Es mi deber no callar, es tu deber anunciar, es nuestro deber alzar la voz como trompeta y amonestar a los hombres por sus pecados. Debemos ser libres, hoy mismo, de este horrible y criminal pecado llamado SILENCIO.
Debemos ser libres de la sangre de este mundo impío, si es que deseamos ir al cielo. ¿Cómo? No negándoles la verdad de su condición, amonestándoles contra el pecado que los asedia.

Estamos pecando de silencio y no lo vemos. Somos cómplices mudos de este mundo que ha perdido el pudor, el honor, la dignidad, la vergüenza y el temor a Dios. Tenemos miedo de hablar la verdad, para evitarnos problemas, preferimos ser alabados por los hombres, que reconocidos por Dios, desde lo alto; convivimos con la injusticia y aun la sufrimos pero no luchamos contra ella porque no deseamos ser vistos como intolerantes. Preferimos pasar por humildes y besar los pies de los tiranos, antes que denunciar el pecado y arriesgar que nuestra cabeza nos sea quitada del cuello.
Falsos profetas, falsos apóstoles y hombres corruptos están destruyendo la obra de Dios y lo permitimos porque no deseamos ser vistos como impopulares y porque sin darnos cuenta hemos vendido nuestra conciencia por un poco de comodidad, hemos permutado nuestros principios por un plato de lentejas.
Los homosexuales proclaman a los cuatro vientos, sus desvergüenzas, Mientras los cristianos ocultan su identidad mezclándose con el mundo. Las mafias corrompen naciones enteras en tanto que los cristianos callan a causa de intereses privados.
El pecado de silencio es un cáncer que está consumiendo a la iglesia, por miedo al hombre. El diablo ha logrado causar suficiente miedo al liderazgo y a la iglesia para que observe lo que pasa en el interior de ella, pero no haga nada para resolverlo. Falsos hermanos y falsos líderes, se están apropiando de las iglesias y de las organizaciones cristianas para despilfarrar y despojar la obra de Dios. Hombres sin temor por las cosas de Dios, están suplantando a hombres santos y los persiguen desde el mismo seno de la iglesia.
Y seguimos callando por conveniencia, o por comodidad, o por cobardía, o por costumbre. Hemos aceptado el yugo de la esclavitud, antes que luchar por nuestra propia libertad espiritual. Preferimos que hombres caídos de la gracia de Dios, nos lideren antes que vivir en dependencia absoluta del Espíritu Santo.
Confundimos la humildad con el silencio. La obediencia a Dios, con el temor a los hombres. La sujeción a la palabra del Señor, con la esclavitud. Toleramos cualquier cosa para evitarnos molestias. Soportamos cualquier injusticia sin alzar la voz de la verdad, sin denunciar las tinieblas.
Se dice de Juan que era la voz que clamaba en el desierto. Se dice de nosotros que somos los que nos cubrimos con el mismo manto, el manto del silencio y de la impunidad. No queremos ser la voz de Dios, en estos tiempos, preferimos que se levanten las piedras y ellas hablen. No queremos ser testigos de Dios, en esta época. Pueden ahora hablar las piedras, porque nosotros decidimos callar.
No quiero que las piedras hablen, deseo que permanezcan mudas por siempre. Es mi deber no callar, es tu deber anunciar, es nuestro deber alzar la voz como trompeta y amonestar a los hombres por sus pecados. Debemos ser libres, hoy mismo, de este horrible y criminal pecado llamado SILENCIO.
Debemos ser libres de la sangre de este mundo impío, si es que deseamos ir al cielo. ¿Cómo? No negándoles la verdad de su condición, amonestándoles contra el pecado que los asedia.

Estamos pecando de silencio y no lo vemos. Somos cómplices mudos de este mundo que ha perdido el pudor, el honor, la dignidad, la vergüenza y el temor a Dios. Tenemos miedo de hablar la verdad, para evitarnos problemas, preferimos ser alabados por los hombres, que reconocidos por Dios, desde lo alto; convivimos con la injusticia y aun la sufrimos pero no luchamos contra ella porque no deseamos ser vistos como intolerantes. Preferimos pasar por humildes y besar los pies de los tiranos, antes que denunciar el pecado y arriesgar que nuestra cabeza nos sea quitada del cuello.
Falsos profetas, falsos apóstoles y hombres corruptos están destruyendo la obra de Dios y lo permitimos porque no deseamos ser vistos como impopulares y porque sin darnos cuenta hemos vendido nuestra conciencia por un poco de comodidad, hemos permutado nuestros principios por un plato de lentejas.
Los homosexuales proclaman a los cuatro vientos, sus desvergüenzas, Mientras los cristianos ocultan su identidad mezclándose con el mundo. Las mafias corrompen naciones enteras en tanto que los cristianos callan a causa de intereses privados.
El pecado de silencio es un cáncer que está consumiendo a la iglesia, por miedo al hombre. El diablo ha logrado causar suficiente miedo al liderazgo y a la iglesia para que observe lo que pasa en el interior de ella, pero no haga nada para resolverlo. Falsos hermanos y falsos líderes, se están apropiando de las iglesias y de las organizaciones cristianas para despilfarrar y despojar la obra de Dios. Hombres sin temor por las cosas de Dios, están suplantando a hombres santos y los persiguen desde el mismo seno de la iglesia.
Y seguimos callando por conveniencia, o por comodidad, o por cobardía, o por costumbre. Hemos aceptado el yugo de la esclavitud, antes que luchar por nuestra propia libertad espiritual. Preferimos que hombres caídos de la gracia de Dios, nos lideren antes que vivir en dependencia absoluta del Espíritu Santo.
Confundimos la humildad con el silencio. La obediencia a Dios, con el temor a los hombres. La sujeción a la palabra del Señor, con la esclavitud. Toleramos cualquier cosa para evitarnos molestias. Soportamos cualquier injusticia sin alzar la voz de la verdad, sin denunciar las tinieblas.
Se dice de Juan que era la voz que clamaba en el desierto. Se dice de nosotros que somos los que nos cubrimos con el mismo manto, el manto del silencio y de la impunidad. No queremos ser la voz de Dios, en estos tiempos, preferimos que se levanten las piedras y ellas hablen. No queremos ser testigos de Dios, en esta época. Pueden ahora hablar las piedras, porque nosotros decidimos callar.
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