martes, 13 de octubre de 2009

Tus Ojos

Hay en tus ojos,
Señor una mirada,
Que me traspasa
Y hasta mi alma llega;
Siento que soy
la oveja descarriada
Que buscas tú,
para la vida eterna...

Tus ojos me llaman,
con tu llanto tierno;
Me dicen: ¡ven
que por tí yo muero!
Mi corazon tiembla
y me conmuevo.
Resistir a tus ojos
¡Señor, no puedo!

El Amor es Construír

El amor
es construir para el mañana
el Edén que nos perdió el orgullo
muy temprano...

Es tender tarde
tras tarde
un puente que nos una
y nos estreche,
y nos haga más
de lo que somos;
hasta llegar a ser
lo que Dios quiera con nosotros.

Es abrir la mano llena
y tenderla
sobre tantas manos vacías,
hasta llenarlas
de pan
y de peces;
Y dejar que Jesús multiplique
cada vez
que El lo quiera...

Es abrazar cuando nos golpean;
Bendecir
cuando nos maldicen;
Llorar
con los que lloran;
Gozar
con los que gozan.

Construye confianza

Construye confianza en tu camino
como el arado que perfora el suelo,
para esperar la bendición del cielo
preparando en cada surco, su destino.

De tí depende, que escapes a lo inútil,
y nada más abrojo, produzcas en tu vida.
Tú serás así, feliz alma rendida
y divino fruto, darás al reino, útil.

No defraudes a Dios, ni al que confía,
en tu verdad, en tu amor y en lo que eres;
Sé paciente, lucha y brega con porfía;

Corona de oro, tiene Dios para los fieles.
Bondad hermosa, en el pan de cada día,
y en la esperanza, del Señor, que viene.

Caín y Abel

Caín, hermano mío, ¿Por qué tu voz así?
¿Por qué hay odio en tu mirada dulce?
¿Acaso por la ofrenda que en el altar yo puse
Tu corazón, hermano, se tornó infeliz?

Recuerda que mi padre, nos enseñó el amor;
El odio y la envidia, del diablo hijos son.
Caín hermano mío, mi mano yo te doy;
¡Extiéndeme tu mano, hermano de tí soy!

Abel besó a su hermano; Caín lo golpeó;
La sangre justa, clamó al cielo
Cuando a Dios, Abel, su aliento dio.
Hermanos que ignorantes, permiten que los celos
resentimientos roben el fruto del amor,
Terminan cual Caín, su fin, en el infierno.

Amor Diferente

Yo quise amar, a Jesús, muy diferente:
sin cruz, sin corona de espinas;
sin clavos, sin vinagre, sin heridas.
Sin renunciar a nada, ni a la gente.

Su poder pretendí que en mí fluyera,
y su gloria, necio, quise poseerla.
La metrópolis busqué, pero a la selva
me envió Jesús a que aprendiera.

Fueron años de cielo gris y pan obscuro
y las primicias de mi amor sacrifiqué.
Comprendí que para Dios, lo más puro

Un alto precio tiene, de sangre y deber.
Entendí que edificar con altos muros,
consiste en llorar, gemir y obedecer.

Amigo

Si alguna vez intentas ser camino
y sientes que no logras lo anhelado,
no sucumbas, ni llores que a tu lado
va el Mejor de todos tus amigos.

Jesús hará de tí lo que conviene,
no desmayes, confíale a él tus pasos;
Si no eres un sendero, tú serás el faro
que iluminará la obscuridad que el mundo tiene.

O tal vez serás tan solo, un grano
de arena, en su hermoso templo,
que El tomó entre sus Santas Manos

Y te puso ahí como instrumento
invisible y pequeño entre tus hermanos,
cual estrella lejana en el firmamento.

¿ A dónde voy Jesús ?

Este dolor, Señor, que llevo adentro,
como un tirano cruel, me aprisiona;
¿A dónde voy Jesús? Mi alma sola
no encuentra otro refugio, que tu templo

¿Por qué mi amado Dios, tan doloroso,
y tan negro este camino señalado?
¿Por qué Señor, si tú vas a mi lado
mi sendero no transformas en hermoso?

Así oraba yo, al Señor, agonizante
anhelando morirme entre sus brazos,
y entonces vino El a interrogarme:
¿No prometiste, ayer seguir mis pasos?
¿Por qué hoy te resistes, a imitarme?
Y allí me consoló el Señor, con un abrazo

Abre Mis Ojos

Abre mis ojos,
Señor, de tal manera,
que pueda contemplarte
en gloria,
y en tu agonía postrera.
Cuando en el Gólgota
y sobre la cruz sangrante

Dabas tu vida,
la que no quisiera
el mundo que gime
y vanamente espera,
la redención que tarda
y tus hijos no le llevan.

Abre mis ojos,
también sufro de ceguera.