domingo, 24 de octubre de 2010

El Hombre Imperfecto Amado Por El Dios Perfecto

J Omar Tejeiro R.


Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. Isaías 64:6,8.


Nuestra imperfecta naturaleza olvida fácilmente que Dios nos encontró ciegos, inútiles y pecadores junto al camino, mendigando. El orgullo maligno nos hace presuntuosos y nos conduce a una dualidad perversa donde pareciera que no somos humanos, sino más bien seres angelicales, super inmaculados y super espirituales. Como Sansón nos jactamos de la unción y creemos que es un asunto muy nuestro. Igual que Saúl confundimos el uso de la autoridad con el abuso del poder y sin darnos cuenta corremos el peligro de pasar la línea divisoria entre lo permitido a lo prohibido.


Hoy bajo la unción de Dios, echamos fuera a los demonios y sanamos a los enfermos y luego nos sentimos intocables, consentidos de Dios y con permiso para ser arrogantes, en lugar de ser más humildes delante de Dios y de su pueblo. Repentinamente tenemos licencia para matar al estilo del viejo Oeste, decidimos quien vive y quien muere. Quien sirve y quien no sirve. Quien va y quien regresa. Nos convertimos de la noche a la mañana en jueces. Juzgamos a nuestra familia, a nuestros hermanos y a nuestros líderes y aún los condenamos sin ninguna misericordia.


Cuan difícil es para nuestra carne arrogante, reconocer nuestras flaquezas y maldades. Pero le es fácil ver los errores de los demás, los pecados de los otros, la paja en el ojo ajeno. Para los demás muchas veces, todos los pecados son imperdonables, pero nuestros pecados no son más que pequeños errores que deben ser corregidos. Mateo 7:2


La verdad es que somos seres imperfectos amados por El Dios perfecto. Pablo nos escribe en Romanos 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Es por su bondad infinita que somos lo que somos y alcanzaremos todas sus promesas. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Tito 3:3-7


Nuestra arrogancia, impaciencia y falta de misericordia nos ha impedido perdonar hasta setenta veces siete, como Jesús nos enseñó. Como el siervo a quien el rey le perdonó todas sus deudas, después de absueltos hemos ahogado y encarcelado a nuestros consiervos por aquellas pequeñas deudas y faltas que tienen con nosotros. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Mateo 18:21-35. Con razón el Salmista dijo: Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí. Salmos 101:2. En la revelación de Dios a Isaías leemos: Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.


¡ Ven a nosotros oh Dios y revélanos tu majestad, tu amor y tu misericordia. Haznos sentir tal como somos de pecadores para poder humillarnos ante ti !